Sarkozy, que es tan brillante como perverso, entendió de inmediato la peculiaridad de aquella situación...... Su rival lo había llamado mentiroso e inmoral. Y frente a la tranquilidad casi flemática —algunos querrán decir cínica— que estaba manifestando, la candidata del Partido Socialista desplegaba una emotividad que no necesariamente se contradecía con la inteligencia que hace falta para llegar al Palacio de Elíseo. Entonces reviró:
—Señora Royal, para ser presidente hay que mantener la calma y usted no logra hacerlo.
—No cuando se cometen injusticias.
—La señora Royal ha perdido la serenidad.
—Estoy enojada, sí. Me enojo ante las injusticias y las mentiras. La cólera a veces resulta saludable.
—Me está usted atacando. No le permito que me hable así.
—Estoy diciendo que no dice la verdad. Y yo no miento.
—Se enfada usted con mucha facilidad. Un presidente de la República tiene que guardar la serenidad porque enfrenta responsabilidades muy fuertes.
—La diferencia entre nosotros es que tenemos distintas concepciones morales de la política........